La disección aórtica es una emergencia médica que puede comenzar con un dolor súbito, intenso y difícil de ignorar en el pecho o en la parte alta de la espalda. Según la Universidad de Chicago, se trata del síntoma más característico y preocupante de esta patología.
La afección se produce cuando aparece un desgarro en la capa interna de la aorta, el principal vaso sanguíneo del cuerpo. De acuerdo con un artículo de Verywell Health, esa ruptura genera un canal anormal por el que circula la sangre, separa las paredes de la arteria y puede comprometer el flujo hacia los órganos. Si no se interviene a tiempo, la aorta puede romperse por completo y causar la muerte.
Los datos difundidos por Medicina de la Universidad de Chicago indican que casi el 40% de las personas con disección aórtica mueren de forma instantánea. Además, la probabilidad de fallecimiento crece un cuatro por ciento por cada hora que pasa sin tratamiento.
El Dr. Jonathan Gower, cirujano cardíaco del MedStar Washington Hospital Center citado por Verywell Health, explicó que la sangre ingresa en ese espacio y provoca la separación de las capas de la aorta durante la disección. También señaló que puede ocurrir en cualquier tramo, desde la unión de la aorta con el corazón hasta otros puntos de su recorrido.
Además del dolor torácico, pueden aparecer molestias abdominales, presión arterial baja, dificultad para respirar, problemas para expresarse, alteraciones en la visión, debilidad muscular o pulso irregular. La presencia de uno o más de estos signos requiere atención médica inmediata.
Entre los factores que aumentan el riesgo figuran la presión arterial elevada, enfermedades inflamatorias y antecedentes familiares. La incidencia estimada es de dos casos cada 10.000 habitantes, con mayor frecuencia en hombres de entre 40 y 70 años.
También incrementan el peligro el colesterol alto, la inflamación arterial, el consumo de tabaco y las lesiones físicas en el tórax. La aterosclerosis, causada por acumulación de grasa o calcio en las arterias, y alteraciones genéticas como el síndrome de Marfan, que afectan el tejido conjuntivo, pueden contribuir al desarrollo de la enfermedad.
La disección aórtica se clasifica según el sector comprometido. El tipo A, el más frecuente y riesgoso, afecta la parte ascendente de la aorta, cerca del corazón, y suele requerir cirugía urgente para reemplazar el segmento dañado. El tipo B se ubica en la aorta descendente y en algunos casos puede abordarse con medicamentos para estabilizar la presión y la frecuencia cardíaca, aunque determinadas situaciones también demandan cirugía.
Las intervenciones posibles incluyen la reparación abierta, con acceso directo a la arteria, y la reparación endovascular, que permite colocar un stent a través de la ingle. Los medicamentos para bajar la presión arterial ayudan a controlar el cuadro, aunque no resuelven por completo una disección ya instalada.
Mantener la presión y el colesterol en valores adecuados, evitar el tabaquismo y tratar correctamente las enfermedades del tejido conectivo son medidas que reducen el riesgo. Reconocer los síntomas y acudir sin demora a un centro de salud puede ser decisivo para la supervivencia.
Disección aórtica: el dolor repentino en el pecho como señal de alarma
La Universidad de Chicago advierte que cerca del 40% de los casos terminan en muerte instantánea y que el riesgo aumenta un cuatro por ciento por cada hora sin atención médica.
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