El exembajador Jorge Argüello advirtió que la crisis diplomática entre la Argentina y Brasil constituye una señal de alarma para una relación estratégica que ambos países consolidaron durante más de cuatro décadas. En declaraciones a Infobae, afirmó que el episodio representa “una gran imprudencia, probablemente la mayor desde 1983”.

El conflicto se abrió luego de la participación del presidente Javier Milei, el sábado, en San Pablo, durante el acto de lanzamiento de la candidatura presidencial de Flávio Bolsonaro. Allí calificó a Luiz Inácio Lula da Silva como “ladrón”, “presidiario” y “totalitario”, y también insultó al juez del Supremo Tribunal Federal Alexandre de Moraes, quien le había impedido visitar al expresidente Jair Bolsonaro durante su estadía en Brasil.

La respuesta del gobierno brasileño fue inmediata. El Partido de los Trabajadores repudió las expresiones del mandatario argentino, funcionarios de la administración de Lula cuestionaron el tono del discurso y el canciller Mauro Vieira decidió llamar a consultas al embajador Julio Glinternick Bitelli. Según pudo confirmar Infobae de fuentes oficiales, la medida respondió al fuerte malestar generado por los agravios dirigidos al presidente brasileño y a un integrante del Supremo Tribunal Federal.

Para Argüello, el problema no debe leerse solo como un episodio coyuntural entre dos gobiernos, sino como una amenaza a una política exterior sostenida desde el regreso de la democracia. El exrepresentante argentino ante Estados Unidos, Portugal y las Naciones Unidas recordó que Raúl Alfonsín y José Sarney iniciaron en 1983 un proceso destinado a superar décadas de competencia y desconfianza entre ambos países.

“Desde el momento en que Alfonsín y Sarney iniciaron un camino de integración sin retorno, hemos pasado cuarenta años construyendo confianza sobre la base de intereses compartidos, no de afinidades ideológicas”, explicó.

El exdiplomático remarcó que uno de los principales logros de esa etapa fue preservar la cooperación bilateral más allá de los cambios políticos en la Argentina y Brasil. “Durante estos cuarenta años convivieron presidentes de los más diversos signos políticos en los dos países y, sin embargo, el vínculo no solamente se mantuvo, sino que se fue profundizando”, sostuvo.

En ese sentido, señaló que ambos países lograron transformar una antigua rivalidad regional en una asociación estratégica inédita en América del Sur. Como ejemplo mencionó a la Agencia Brasileño-Argentina de Contabilidad y Control de Materiales Nucleares (ABACC), creada para supervisar el uso pacífico de materiales nucleares. “El ABACC es un hecho único en el mundo”, destacó.

Argüello consideró que esa construcción institucional queda comprometida cuando la política exterior se subordina a afinidades ideológicas. “Todo esto que hemos ido construyendo durante cuarenta años choca con la idea de teñir de azul la región”, afirmó, en referencia a la estrategia política impulsada por Milei junto a dirigentes de la centroderecha latinoamericana.

El exembajador aclaró que no cuestiona que un presidente tenga posiciones políticas o ideológicas propias, pero sostuvo que esas definiciones no pueden imponerse sobre los intereses permanentes del Estado. “Los presidentes pueden tener posiciones políticas e ideológicas, pero lo que no pueden hacer es imponerlas sobre el interés nacional”, expresó.

“El interés nacional es permanente. No cambia en función del pensamiento político o de la concepción ideológica del gobierno. Porque el gobierno pasa; el interés nacional permanece”, agregó.

Desde esa perspectiva, Argüello afirmó que la crisis actual excede el vínculo personal entre Milei y Lula. A su entender, el mayor riesgo es que una política exterior guiada por alineamientos ideológicos debilite una relación que sobrevivió a gobiernos radicales, peronistas, liberales y socialdemócratas a ambos lados de la frontera.

“Hemos construido cuarenta años de confianza sobre intereses compartidos. Ese es el capital que no debería ponerse en riesgo”, concluyó el exembajador.