La conectividad satelital pasó a ocupar un lugar estratégico en Vaca Muerta. En locaciones petroleras, camionetas, casillas, plantas de tratamiento, equipos de perforación y otras instalaciones, las antenas de Starlink se incorporaron en poco tiempo como una herramienta habitual de trabajo.

El cambio se aceleró a partir de las modificaciones regulatorias impulsadas por el Gobierno nacional mediante el decreto 70/2023, firmado por el presidente Javier Milei. Esa norma abrió el mercado argentino de Internet satelital y permitió el ingreso de nuevos prestadores internacionales, entre ellos Starlink.

Mientras en otros países esta tecnología ya formaba parte de la actividad cotidiana de industrias estratégicas, en Argentina su adopción masiva comenzó después de esa apertura. Hasta hace algunos años, llevar Internet a una locación remota exigía movilizar un tráiler con una antena satelital de gran tamaño, nivelarlo, anclarlo al terreno, orientarlo hacia el satélite y calibrar el sistema antes de iniciar la operación.

Ese procedimiento requería tiempo, personal especializado y servicios con costos superiores a los 1000 dólares mensuales. En la actualidad, una antena Starlink puede colocarse sobre una camioneta, una casilla o cualquier superficie con vista despejada al cielo. El equipo se configura en forma automática, detecta los satélites disponibles y comienza a funcionar en pocos minutos.

Los planes empresariales utilizados por muchas compañías y contratistas se ubican entre 100 y 150 dólares por mes, lo que representa una reducción significativa en el costo de la conectividad. Sin embargo, el impacto principal no se limita al precio ni a la facilidad de instalación.

La baja latencia, con tiempos de respuesta similares a los de la fibra óptica, permite supervisar variables operativas, asistir maniobras y brindar soporte técnico desde centros de control ubicados incluso a miles de kilómetros de distancia, en tiempo real. Esto mejora la toma de decisiones, reduce tiempos de respuesta y evita traslados innecesarios.

Estas conexiones también hacen posible transmitir imágenes de cámaras de seguridad, monitorear activos, enviar datos de telemetría, acceder a plataformas corporativas, coordinar la logística y mantener comunicadas locaciones donde no existe infraestructura terrestre.

La movilidad es otra de sus ventajas. Las antenas pueden desplazarse junto con equipos de perforación, fractura, mantenimiento o intervención de pozos, acompañando una actividad que cambia de ubicación de manera permanente.

Diseñadas para funcionar bajo lluvia, nieve, fuertes vientos y bajas temperaturas, responden a las condiciones habituales de la Patagonia. De todos modos, las operadoras sostienen enlaces de respaldo y esquemas de contingencia para asegurar la continuidad de las comunicaciones en operaciones críticas.

De esta manera, la conectividad satelital dejó de ser una alternativa reservada para zonas sin cobertura y se convirtió en parte de la infraestructura operativa de la industria. En Vaca Muerta, lo que antes demandaba grandes equipos, instalaciones complejas y altos costos hoy puede resolverse en pocos minutos con un dispositivo compacto.