Blanca Guzmán nació en Ranquileo, cerca de Las Ovejas, y desde hace años vive junto a su esposo en Andacollo. Allí, desde hace más de tres décadas, elabora mote y ñaco, dos productos tradicionales que forman parte de la historia alimentaria del norte neuquino.
El oficio lo aprendió en su familia, cuando esas preparaciones se hacían únicamente para el consumo del hogar. "Lo aprendí de mi abuelo y de mi abuela. Antes hacíamos para el consumo de la casa nomás", recuerda.
La materia prima llega desde Chos Malal, donde compra el trigo que luego transforma mediante un proceso artesanal que requiere tiempo y constancia. En el caso del mote, cada etapa mantiene las técnicas que recibió de sus mayores.
"Es un trabajo grande porque todo el día uno tiene que cocinarlo, volverlo a lavar, volverlo a cocinar, después enjuagarlo, dejar que estile y recién ahí embolsarlo", explica Blanca sobre una elaboración que no permite apuros.
Durante el verano, el mote se vuelve uno de los productos más pedidos. En esa época prepara hasta 22 bolsas por semana y, si la demanda aumenta, cocina dos veces en la semana. "Se entrega todo enseguida, casi en la tarde. Yo más de un día no lo tengo porque necesita estar en un lugar fresco y pierde el sabor si queda mucho tiempo en la heladera", señala.
El mote se obtiene de granos de trigo cocidos y pelados. Es considerado un alimento refrescante y nutritivo, y suele consumirse con agua y azúcar, con leche o integrado a distintas comidas regionales. Su valor cultural también se expresa en Huinganco, donde cada verano se realiza la Fiesta Provincial del Mote y la Tradición.
El ñaco, harina de trigo tostada y molida artesanalmente, también forma parte del trabajo cotidiano de Blanca. Fue durante siglos un alimento energético para arrieros y pobladores del norte neuquino, y aún conserva un lugar entre vecinos y clientes habituales.
"Mucha gente lo toma con leche, otros con vino o con cerveza. Antes se consumía muchísimo. Yo digo que por eso la gente vivía más sana, porque es muy alimentador", comenta. También menciona la cheica, una preparación antigua que combinaba ñaco con cebolla y ají en una pequeña olla, y que permanece en la memoria de los pobladores mayores.
Aunque produce pocas bolsas por semana, la demanda se mantiene. "Mi marido sale a repartir cuando queda algo. La gente ya sabe cuándo hacemos y siempre nos espera", relata Blanca.
En Andacollo, su tarea representa más que una producción artesanal. Cada bolsa de mote y cada preparación de ñaco conservan saberes familiares, una forma de alimentación vinculada al territorio y una tradición que sigue transmitiéndose entre generaciones.
Blanca Guzmán y una tradición que sigue viva en Andacollo
Hace más de 30 años, la vecina de Andacollo prepara mote y ñaco de forma artesanal. Con saberes heredados de sus abuelos, sostiene dos alimentos históricos de la cultura gastronómica del norte neuquino.
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