La Selección Argentina encontró ante Inglaterra una reacción de enorme impacto en el Mundial 2026. El partido había empezado cuesta arriba en el inicio del segundo tiempo, pero terminó con la mejor media hora del equipo en el torneo.

En ese tramo apareció con fuerza la combinación entre Lionel Messi y Lionel Scaloni. El capitán, con sus pies intactos a los 39 junios, volvió a demostrar que sus pases pueden pesar tanto como sus goles. El entrenador, desde el banco, acertó con decisiones que fueron centrales para la levantada.

Messi participó en momentos decisivos. En el gol de Enzo Fernández, arrastró dos marcas y asistió al volante, que definió con categoría. Luego, en la jugada de Lautaro Martínez, no dio por perdida una acción que venía de un remate de Alexis MacAllister, la pinchó con la derecha entre dos defensores ingleses y dejó al bahiense en posición de resolver con un salto notable.

La mano de Scaloni también fue determinante. Con el partido 0-1, el DT movió el banco y los cinco ingresos tuvieron incidencia. Nicolás González se convirtió en un socio importante para Messi y tuvo dos cabezazos de gol; Nicolás Otamendi ordenó la defensa y se cruzó con los ingleses; Rodrigo De Paul potenció al 10; Gonzalo Montiel fue clave en el segundo tanto; y Lautaro Martínez terminó definiendo la historia.

El antecedente de la final de la Copa América ante Colombia también marca esa influencia del entrenador. En aquella noche, Scaloni mandó a la cancha a Paredes, Giovani Lo Celso y Lautaro Martínez. La jugada decisiva terminó con quite y pase de Lean, asistencia de Gio, gol del Toro y la copa en alto.

Ante Inglaterra, la secuencia del segundo gol fue distinta, pero otra vez pesaron los jugadores que entraron. Montiel ganó una pelota en su sector, Nico González rompió la defensa con un pase atrás para MacAllister, el remate dio en el palo y la jugada siguió. Messi la levantó con precisión y Lautaro, que había sido el último cambio a los 81 minutos por Tagliafico, convirtió el gol que hizo estallar al pueblo argentino.

Después del encuentro, la imagen de Messi y Scaloni abrazados en un costado del campo resumió una remontada construida entre la magia del capitán y la lectura del entrenador.