La visita de Kristalina Georgieva a Vaca Muerta volvió a poner en primer plano el peso del principal activo energético argentino en la economía nacional. La lectura más repetida apunta a su capacidad de generar dólares para afrontar compromisos externos, pero desde Neuquén también aparecen voces que reclaman una estrategia más amplia.

Diego Werthein, empresario del Grupo Werthein y vicepresidente de la Cámara de Empresas Químicas, Petroquímicas y Afines de Neuquén, sostuvo en declaraciones a Modo Fontevecchia que Vaca Muerta no debe pensarse solamente como una herramienta para pagar deuda. Según planteó, el objetivo debe ser convertirla en una plataforma de desarrollo industrial, innovación y empleo.

Para Werthein, el debate ya no pasa únicamente por aumentar la producción de petróleo y gas, sino por transformar esos recursos en industria, tecnología, trabajo calificado y exportaciones con mayor valor agregado. En ese marco introdujo el concepto de deepstream, una instancia que va más allá del upstream, el midstream y el downstream.

El upstream consiste en extraer el recurso; el midstream, en transportarlo y acondicionarlo; y el downstream, en transformarlo en productos industriales. El deepstream, según la mirada que impulsa desde la Cámara, apunta a convertir la experiencia acumulada en tecnología, innovación y conocimiento exportable.

La diferencia, explicó, está en el valor que se incorpora antes de que el recurso salga del país. Exportar gas como molécula cruda genera divisas, pero convertirlo en etileno, metanol, amoníaco, fertilizantes o químicos especializados también puede fortalecer la industria, el empleo calificado y las capacidades locales. “La verdadera pregunta es cuánto valor podemos agregar antes de que esta molécula salga del país”, afirmó.

Para que ese salto hacia la petroquímica sea posible, Werthein enumeró condiciones que aún deben resolverse: plantas petroquímicas, infraestructura para procesar líquidos del gas, gasoductos, rutas, ferrocarriles, logística eficiente y puertos conectados al Atlántico y al Pacífico. También mencionó la necesidad de infraestructura digital, automatización e inteligencia artificial. “No alcanza con construir plantas. Debemos construir un polo industrial competitivo a nivel mundial”, señaló.

En el plano regulatorio, reconoció el valor del RIGI, aunque advirtió que sus condiciones deberían extenderse al midstream y al downstream para equilibrar los incentivos en toda la cadena. Según indicó, la petroquímica requiere inversiones grandes y de largo plazo, por lo que la previsibilidad resulta central. “El capital de largo plazo no busca subsidios, busca reglas estables. La inversión compara países, y Argentina debe competir con previsibilidad”, resumió.

La Cámara de Empresas Químicas, Petroquímicas y Afines de Neuquén, que Werthein integra desde su fundación, fue creada para vincular la demanda de las grandes operadoras de Vaca Muerta con la capacidad de las empresas locales. La entidad no interviene comercialmente, sino que facilita contactos, información y oportunidades mediante mesas de trabajo permanentes, rondas de negocios y programas de desarrollo de proveedores.

Otro eje de trabajo de la institución es la formación de capital humano. Junto con universidades y escuelas técnicas, impulsa perfiles vinculados a ingeniería, automatización, inteligencia artificial, mantenimiento y procesos industriales. “El crecimiento solo será sostenible si genera capacidades locales. La infraestructura se construye y el talento se desarrolla”, afirmó Werthein.

La propuesta también incluye una advertencia sobre el riesgo de sostener un modelo basado solo en la extracción y exportación del recurso sin transformación local. Werthein señaló el caso de Australia como referencia frecuente: un sector minero que llegó a representar más de un cuarto del producto bruto y luego se redujo a menos del 10% sin haber consolidado una base industrial diversificada.

Para el empresario, el rumbo que tome Vaca Muerta dependerá menos de la geología que de las decisiones políticas y empresariales de los próximos años. Las reservas permiten proyectar exportaciones durante décadas; la discusión, planteó, es si ese tiempo servirá para construir algo más que un gran yacimiento.